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Todo profesor de música ha sido niño y ha estudiado música en su infancia o adolescencia. Los recuerdos de las alegrías así como los sinsabores son imborrables: la felicidad de interpretar una obra favorita, las sorpresas que deparan los diferentes estilos, el progreso cuando se estudia bien, son las facetas positivas. ¿Pero qué decir de la teoría y el solfeo? Un futuro profesional los acepta y hasta llega a encararlos con responsabilidad, pero trabajando con niños hay que dosificarlo con alegría, humor y juegos. En el parvulario se trabaja el ritmo y la entonación mediante canciones que exigen juegos, actuación, movimiento corporal y competencia, lo cual resulta muy gratificante. Y cuando se inicia el estudio de un instrumento, ¿por qué dejar de jugar y divertirse? En la presente obra proponemos la posibilidad de absorber los elementos técnicos y teóricos de la música a través de juegos y competencias. Al parvulari es treballa el ritme i l’entonació amb cançons que demanen jocs, actuacions, moviment corporal i competicions, la qual cosa resulta molt gratificant. I quan s’inicia l’estudi d’un instrument, per què es deixa de jugar i divertir-se? En aquesta obra proposem la possibilitat d’assimilar els elements tècnics i teòrics de la música a través de jocs i competicions.
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